Carlos Cano: “Hace 500 años que perdí mi lengua”

“Hace 500 años que perdí mi lengua”

Tengo 53 años. Nací en Granada, en el barrio del Realejo. Soy cantautor. Vivo con mi segunda mujer, en Sevilla. Tengo tres hijos, Amaranta (25), Paloma (20) y Pablo (3 años y medio). Soy progresista. He lanzado el disco “La copla, memoria sentimental”, antología de coplas desde la II República hasta el año 1975

Me dijeron que Jomeini le invitó a cantar para él.

Eso se lo inventó “El Correo Catalán”. Lo que pasó es que el abogado Rojas Marcos le llevó como regalo unos discos, entre ellos uno mio, “Crónicas granadinas”.

Y a Jomeini le gustó.

Sí.y se oyó mucho en Radio Teherán. En ese disco yo empiezo cantando en árabe. Pero yo no soy responsable de la catadura moral de quién me oye. Lo cierto es que, para el mundo árabe, Al Andalus es el paraíso.

¿Y para usted?

La desaparición de Al Andalus fue un desastre para España. Aquello era el renacimiento y luego vino el oscurantismo.

Usted, como granadino…

Mire, una anécdota: en 1983 hice una gira por Marruecos. Al norte, en Agadir, los carteles decían: “Carlos Cano, cantante español”. En Marrakesh ya decían: “Cantante andaluz”. Y en Fez, dónde murió Boabdil: “Cantante de Al Garnata”, o sea, Granada. En el teatro Mohamed V de Rabat. alguien me grito: ‘“Granadino’, chante en arabe”. Y yo le respondí: “No puedo: hace 500 años que perdí mi lengua”.

Vaya, lo siento.

Quiero decir que los que vivían en Granada antes de los Reyes Católicos eran ya los granadinos. Ah, y yo creo que el andaluz es la manera árabe de hablar castellano.

¿Qué recuerdos guarda de la Granada de su niñez?

La viví en la calle, con pandillas de niños, en una de las laderas de la Alhambra. Había burros, no coches. Hacíamos travesuras.

¿Cómo qué?

No sé, chinchar a los guardias municipales, a los “guris”. Les molestaba mucho que les cantásemos: “Guri-guri, cantaba la rana, debajo del agua”. Nos perseguían.

¡Empezó usted pronto a cantar, pues!

Nunca deseé ser cantante, me parecía aberrante. Simplemente, escribía canciones. Yo no era de los de “mamá quiero ser artista”. Las escribía por necesidad íntima. Pero, a los 30 años, en 1975, me convencieron para grabar “La miseria”, mi primera canción.

¿Cómo se ganaba usted la vida antes de ese momento?

Yo vine a Barcelona a estudiar electrónica en la Escuela Industrial. Por las mañanas trabajaba de paleta. de albañil, a principios de los 70.

Eso quedó en el pasado.

No crea. Hace poco llegué de un recital en Paris y me alojé en un hotel de Barcelona, en Les Corts. Me asomo al balcón y siento un vértigo. Reconocí ese vértigo: era el mismo que me entraba en el andamio mientras ponía los ladrillos… ¡de aquella misma pared de aquel mismo hotel!

¡Qué casualidad!

O sea, ayer estás poniendo ladrillos, hoy de huésped del hotel y mañana llevando las maletas de otro huésped. Lección: no hay que creerse nada, nada es inmutable.

Sobre todo la salud: usted tuvo un susto gordo…

Otra lección: aprendi qué es lo esencial y qué lo accesorio, algo que cuesta mucho de ver en esta sociedad histérica que pone el trabajo en  primer lugar y las personas en tercero o cuarto.

Cuénteme esa historia.

Tuve un aneurisma de aorta. Por hipertensión, se me reventó la aorta. Me la cambiaron entera, de arriba abajo. Tengo una cicatriz desde el diafragma hasta el costado, cortando todos los músculos del abdomen.

Uf…

Tuve que aprender a cantar de nuevo. No tenía las fuerzas de antes. Era bastante angustioso… Cantaba con el cerebro, porque el cuerpo no podía, no lo conocía, era otro.

Pero lo ha conseguido.

Yo creo que ahora canto mejor. El conocer mejor el dolor y ciertos sentimientos cambia el color de tu voz. Yo noto la diferencia si oigo un disco mío de hace cuatro años.

¿Cómo cambió todo eso su vida cotidiana?

Antes me gustaba coger un azadón y ahora no lo hago. Ni corro detrás de un autobús. Y hacer deporte me parece una cosa grosera, para el “Madelman” y la “Barbie”.

En qué otras cosas es usted diferente de hace cuatro años, además de en la voz?

En que ahora tengo más claro que nunca aquello de que “lo primero es lo primero, y lo segundo, lo segundo”. Es mi lema.

¿Es lo que les enseña a sus hijos?

Sí, pero también que no me miren a mi como ejemplo: “No me miréis como ejemplo, soy una casualidad”, les digo. Una rareza. Yo no estudié para esto: yo me he inventado una cosa que se llama Carlos Cano.

Cantante de coplas, ahora.

Sí. La copla es una consecuencia de la música andaluza, próxima al flamenco. Suena a árabe y atlántico.

¿Se ha identificado alguna vez con el patrón de cantautor político?

Yo he compuesto temas como “La murga del currelante”, pero el motivo de mi grito no ha emergido desde la política, sino desde la soledad del individuo. Me importa de los jornaleros la mujer que se gira en la cama y encuentra el vacío, y lo que eso significa. El concepto teórico me importa una mierda.

¿lzquierda o derecha? ¿No es diferente?

¿Coca-Cola o Pepsi? Los partidos políticos son de un tiempo muerto: hablamos con cadáveres.

Pues España va bien.

 

Entrevista por Víctor Amela

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