Carlos Cano: “Vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea por uno mismo. Yo me moriré vivo.”

“Vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea por uno mismo. Yo me moriré vivo.”

Carlos Cano
Carlos Cano

El bar del hotel Macarena trata de ambientar malamente un interior andaluz a base de azulejos de sorprendentes brillos y arquerías de imitación mudéjar. Carlos Cano está en promoción de su último disco, el segundo que hace con la copla como argumento. Sigue siendo un hombre comprometido políticamente, aunque lamenta que en los partidos políticos ya no se hable de los sueños de la gente.

P.- Esta semana se han cumplido 25 años de muchas cosas. ¿Le gusta la Andalucía de hoy?

R.- A mí, lo que me gusta cada vez menos es el tipo de seres humanos que está dando esta sociedad. Hay más cosas, pero hay menos carácter y menos esencia. La utopía ha desaparecido como elemento de búsqueda, y eso trae infelicidad. A mí no me gusta esta tierra ahora, donde la gente está, estamos, en un proceso de deterioro. Es un problema del mundo, no de Andalucía.

Y, en ese paisaje que pinta, ¿qué vale la pena?

Vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea por uno mismo. Yo me moriré vivo.

¿Qué pasa con la política?

La política ha desaparecido como ética de comportamiento personal y colectivo. Una política que da gentes tan mediocres, tan mezquinas, no vale la pena. Pero eso es lo que hay en la pescadería.

Usted ha colaborado con el PA en campañas electorales…

Yo actúo por emociones, por amigos, no por otros motivos. No tengo comportamiento de militante en nada, ni comparto los hechos diarios de la política. Si un amigo me pide una cosa, lo hago.

¿Sigue los acontecimientos que rodean al partido?

Más o menos. Ultimamente, es inevitable. Es un gran problema que el PA tenga dentro a gente capaz de reventar la casa por tal de salirse con la suya. Yo no estoy en el partido y no sé cómo se resuelve, pero si sé que hay que contar los votos. Si a mí me echan mayoritariamente de una opción, pues me voy a mi casa, no trataría de imponer por cojones el 20 por ciento de los votos. El que quiera imponer el 20 por ciento tiene que tener un 80 por ciento de discurso ético y de capacidad de sueños, y hace mucho tiempo que no escucho a nadie hablar de sueños ni de nada. En este partido y en otros. Hace mucho tiempo que no oigo hablar de socialismo al Partido Socialista. Los partidos han perdido el discurso, y a mí, lo que discuta interiormente el Partido Andalucista y, particularmente, gente como Pedro Pachecho, la verdad es que me importa un pepino. Es un problema personal suyo.

¿Andalucía ha perdido oportunidades por no contar con un partido andalucista potente?

Las oportunidades que ha perdido Andalucía, las ha perdido con el PSOE, que son los que mandan. Y si ha ganado algo, ser con ellos también. No busquemos el chivo expiatorio en el niño tonto. A mí me molesta que, cada vez que llegan unas elecciones, se coge al andalucismo y se le pegan tres palos.

¿Quién es el culpable de la crisis permanente del PA?

Pues no es una situación provocada sólo por sus errores. El PA ha sido un partido no querido políticamente por el resto de los partidos e incluso por los medios de comunicación, ha molestado su existencia, como cuando se esperaba que Rafael Escuredo iba a traer la gloria con trompetas y clarines. El andalucismo ha molestado porque apareció cuando ya estaban las cartas repartidas, estaba todo repartido entre vascos y catalanes, y llegó pidiendo. Es un pecado que sigue pagando.

¿Qué sigue encontrando en Alejandro Rojas Marcos, tan denostado en los últimos años?

Alejandro es amigo mío, y no tengo capacidad política para juzgarlo. El Metro, el estadio…, son cuestiones técnicas que no conozco. Yo lo que echo en falta es que Alejandro no esté en Madrid hablando de Andalucía. Ha cumplido un papel muy importante para esta tierra, ha ocupado un papel que nadie ha ocupado, y por eso, quizá, ha creado animadversión. Yo creo que es un político honesto. Puede estar equivocado, pero siempre lo he visto en el mismo sitio.

Cambiamos de tercio. ¿La copla se ha agotado?

El que está agotado soy yo. Necesito exhibir mis cosas y no voy a estar toda la vida haciendo copla, como no iba a estar siempre haciendo Lorca.

¿Le gusta la copla que se hace ahora?

Prácticamente, no se escribe copla, porque para hacer copla hay que tener memoria, y la gente joven no la tiene. Lo que se hace hoy es repetir lo anterior, a veces con dignidad, de manera contemporánea; otras veces, de forma nostálgica, añeja, agria… El problema de la copla es que ha estado mucho tiempo aislada, en el olvido. Probablemente, una parte se lo merecía.

¿Por qué?

Bueno, hubo gente de la copla que estuvo cerca de Franco, como otros han estado en la Bodeguilla. Eso sirvió a una generación de progresistas para decir que la copla tenía poco menos que la culpa de que Franco se muriera en la cama. Yo defiendo la copla como una estética fundamentalmente andaluza, y que en los años 60 desaparece porque no da alternativa a una juventud que requiere una actitud crítica.

¿Qué relación tiene usted, granadino, con Sevilla? ¿Se cree la teoría de las dos Andalucías?

Yo siempre he entendido una sola Andalucía, la introvertida y la que mueve los brazos, la del río navegable y la de los otros ríos, por los que sólo navegan los sueños. Sevilla fue el lugar donde descubrí Andalucía políticamente, una ciudad maravillosa hasta que dejé de venir en fines de semana. Cuando estuve aquí más tiempo, ya no fue lo mismo. Granada y Sevilla son para quererlas, no para padecerlas.

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