La hora violeta

La hora violeta, por Tono Cano | carloscano.es
La hora violeta, por Tono Cano

La hora violeta

A Carlos siempre le atrajo el periodismo y su cuerpo de guardia en la Galaxia Gutemberg estaba relacionado con El Mundo, ABC y espíritus independientes como el de José Luis Balbín.

En ese plano y a lo largo de su carrera musical, sus referentes fueron, verbigracia, Antonio Burgos, Ignacio Camacho, Raúl del Pozo o Pablo Sebastián, el promotor del finiquitado El Independiente y que terminó colgando en la red la página de La Estrella Digital.

Sebastián pidió a Carlos Cano que colaborase con él en este proyecto: “Mándame algo, no seas chungo, cantautor, mándame algo“.

¿Y qué te puedo mandar yo? – le respondía-. ¿Un pasodoble sideral? ¿Una gallina galáctica? ¿Unos tanguillos espaciales? ¿Y si no pone huevos y te la comes? Este fue el resultado de un discurso con aire de escritura automática, a la manera surreal de André Breton, que Carlos Cano puso en pie para dar respuesta a dicha petición:

Ay, Pablito, periodista de la mú. Desconecta, no seas chungo. Olvídate del bicho, desinfecta, no contamines. Con los muertos no se juega. No hay guerras, sólo olvidos, puro alcanfor y kilómetros de tapias. Anda y que le den por donde no le gusta a don Camilo”

Vente a buscar la hora violeta, enciende la pantalla y busca la quimera, la hora violeta, en los vagones de la noche, en los pasillos de la soledad, en las calles del silencio, en las tabernas de los corazones solitarios, en el puticlub de la melancolía, a los corazones solitarios, los muchachos del perejil alegre, que sólo les queda una última esperanza, para que reviente el pasado con sus gritos, con sus bailes y cantos. Que la lucha es una fiesta, caballero. El viento del oeste. Ya lo cantan los juglares con el tambor y la cabra: “el presente no existe. Hablamos con su cadáver”. ¡Porron, pom, pom!

Enciende la pantalla y vete con la música a otra parte. Allí donde la noche, donde el silencio. Donde la noche, los sueños masacrados, donde la ternura. Y pon la Estrella Digital rumbo a los confines de la galaxia, en la hora violeta de la tarde. Y vente a la noche, con el silencio, con la música a otra parte. Con los sueños, con las ratas, las iluminaciones, los locos, los topos, los desgraciados, los niños de ojos tristes (¿Quién sembró esa tristeza?), los payasos, los vagabundos, y las luciérnagas, las curianitas, cantando la vieja copla republicana:

“…Que los probes coman pan y los ricos coman mierda”.

Pablito, capitán galáctico, dispara tu pistola de rayos paranoicos sobre la muchedumbre. Recita de memoria a Ezra Pound, se alimenta de Hoo-Sum y abre una botellas de Havana Club, la única Cuba que le queda, que le regaló Tierno, el muerto con gafas. Masculla y blasfema, y abre la última botella de Havana Club, la única Cuba que nos queda para brindar por la libertad.

Pablito, capitán galáctico, yo escupo sobre sus libros, sus premios literarios, su literatura de mierda, sus sillones académicos, su gloria pestilente, en el burdel del éxito que cotiza en bolsa, su cultura de multinacional, que los muy cabrones llaman universal, de plusvalía, de escaparate. Y meo en su cultura.

Coñéate, méate, lanzo el ácido corrosivo de su futuro sobre tus ojos. Cágate en tós los muertos de los que firman manifiestos, que ponen de moda la desesperación, el dolor y la miseria.

Vomito sobre los artistas que salen en las revistas con las ONG’s de la mano, con un pobre indio de la mano. Haz la lista de los accionistas del arte, el nuevo poder, la mafia de los progres, el negocio del arte, la televisión, los canales, la radio, la prensa, vuestro escaño en el parlamento. Me cago en los muertos de la tolerancia. El mundo es plural. Cada uno en su sitio.

Y vamos con las ratas, la soledad, los payasos, los vagabundos, los paranoicos, la esquizofrenia, la neurosis, las putas, aullando, pastillas de neurosis, la obsesión. Comeremos ratas y daremos la lata. Sólo existe lo que yo quiero, yo dejo. La muerte es un negocio, el arte es un negocio, ¡viva la muerte! Pablito, que me derrito.

Abajo la caridad y viva la Justicia.

No los leo siquiera para no perder el tiempo en criticarlos: sus escuelas de verano. Es la hora de la soledad. Busca un refugio en la montaña y aliméntate de raíces, hiberna, rumia, después de la tempestad viene la calma. Cuando los intelectuales prefieren la gloria a la verdad, el futuro está en la chusma

Carlos Cano

P.D. Si me quieres escribir ya sabes mi paradero…

(Texto extraído del libro Carlos Cano, una vida de coplas)

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