Así cantan los niños de Cuba

Así cantan los niños de Cuba nació como nacen los deseos, de una estrella fugaz que atravesó mi corazón una noche en La Habana, recordando dos luceros intensamente marrones mirándome tras los cristales de la ventana de un colegio, y una sonrisa inmensamente blanca en la carita de una niña mulatica con unos lazos de tul azul celeste anulados en sus trenzas.

Dicen que cuando un niño nace lleva dentro de sí la semilla de otro niño pequeñito, casi un granito de arroz, que también va creciendo como un hermano menor con el que jugamos, soñamos y reímos. Luego, cuando crecemos y la vida nos hiere y llega la pena, él sale fuera y nos defiende del miedo y de la tristeza con su espada de madera.

Pocos niños hoy, en el mundo, cantan como niños, canciones de niños. La mayoría son manipulados, usados como objetos de consumo por una industria que, demasiadas veces, fomenta la agresividad y el egoísmo.

Sólo los niños del pueblo cantan. Cantan como arbolitos tiernos con la voz luminosa de la tierra que es la alegría, y ríen con sus ojos llenos de chispitas y sus boquitas de coco, con la mirada de agua azul, marrón, verde, gris y negra.

Aprendamos de ellos a reír, a bailar y a cantar de nuevo. Despertemos al niño que tenemos dentro, errante por el bosque de los sueños, abrazado a los árboles como un koala, que es el espíritu de los niños perdidos.

Hemos tenido la suerte de haber atrapado, como se atrapa a un pez, la voz tierna, deliciosa, casi crudita de los niños de Cuba. Seguramente, así cantaremos un día en el Paraíso. Ojalá sus voces hayan despertado en cada uno de nosotros el niño dormido que llevamos dentro. Ojalá no hayamos olvidado que la vida debiera ser un hermoso juego.

Carlos Cano

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