París 72, por Tono Cano
En 1972 la UNESCO organizó el primer Homenaje Internacional a Federico García Lorca. Lo promovió Paco Ramírez, un granaíno antifranquista que trabajaba en la sede de la organización en París. Ramírez invitó a Paco Ibáñez que no pudo asistir y tras hablar con el poeta Pepe Guevara le dio una oportunidad a un desconocido Carlos Cano que ya había musicalizado dos casidas del Diván del Tamarit; Casida de la muchacha dorada y Casida de las palomas oscuras.
Y allí fueron Cano y Loxa a pasar hambre y frío compartiendo sopicaldo, versos y canciones en un piso pequeño en la Rue des Sevres. En Montmartre conocen a Manuel Ángeles Infante, un viejo amigo de Federico García Lorca, que para motivarles les recuerda el consejo que le dio un asentado Picasso para abrirse paso entre la bohemia parisina; «Lo fundamental es despertar el entusiasmo«.
Gracias a aquellos meses que pasó en París Carlos Cano conoció artistas que serían importantes para su desarrollo profesional; músicos como Paco Ibáñez, que no solo le facilitó algunos bolos sino que le descubrió a Georges Brassens —a quien Carlos dedicaría La Hoguera; Morir por algo sí, pero lentamente. Y en libertad morir por algo—, Manuel Gerena —probablemente el cantaor más prohibido de la historia—, Elisa Serna o Lluís Llach, que estaba exiliado en Francia tras el veto franquista por L’Estaca y con quien grabó tres programas para France Cultural, gracias a Lluís comenzó a proyectar la voz.
También descubrió a ilustradores como Vázquez de Sola, dibujante irreverente de Le Canard Enchainé y Le Monde Diplomatique, François Truffaut y la Nouvelle vague o Bernard Caillaud, un físico amante de la música popular que fue su técnico de sonido en una pequeña gira por Normadía.
En París Carlos Cano conoció a Enrique Morente y en él descubrió un aliado con el que
compartió criterio, visión y luchas; Enrique llegó a París después de ganar el Premio Nacional de Cante y con dos discos bajo el brazo; Cantes antiguos del Flamenco (Hispavox, 1968) y Homenaje a Miguel Hernández (Hispavox, 1971).
Carlos y Enrique cantaron juntos días antes del homenaje a Lorca, celebrando el setenta cumpleaños de Rafael Alberti en Shakespeare&Company, una librería de un tipo peculiar que había rescatado el nombre de la mítica librería propiedad de la editora de Joyce.
Parte de aquella grabación se pudo conservar gracias a que Radio París —junto a la Pirenaica las emisoras más combativa contra la dictadura— emitió algunas de estas actuaciones paralelas. Carlos Cano cantó seis temas; La miseria, La princesa, Casida del amor de cien años, Aleluya, La Hoguera, y Lejanías, y Enrique Morente Sentado sobre los muertos, el telúrico poema de Miguel Hernández, junto a muchas de las letras que le acompañarían toda su vida…
En esos días de lluvia Carlos compuso Anochece, tema que aparecería en su primer disco y en el que la colaboración jondísima de Morente transmite toda la angustia que le supuso a Carlos pasar una noche detenido en el calabozo por cantar la palabra obrero.
El impulso de Carlos Cano y Enrique Morente esos años simboliza el resurgir de la cultura popular andaluza tras la dictadura, Junto a García Lorca, pieza fundamental en sus mejores trabajos; Omega y Diván del Tamarit, una Santísima Trinidad cuyo alfa está en aquellos días en París y el omega en las coplas de la Habanera Imposible que Estrella Morente cantó desgarrada ante el féretro de su padre otro diciembre helado. Carlos las compuso inspirado en la precisa definición que Federico hizo de Granada en su conferencia ‘Paraíso cerrado para muchos, jardínes abiertos para pocos‘ del 26 de octubre de 1926. «Granada solitaria y pura, se achica, ciñe su alma extraordinaria y no tiene más salida que su alto puerto natural de estrellas«.
Lorca también inspiró varios debates en la sede de la UNESCO durante los días previos. En uno de ellos Carlos se vio en medio de una discusión entre los hispanistas Couffon y
Lafranque sobre el asesinato de García Lorca en la Guerra Civil. En algún momento, harto de tanta pedantería, Carlos tiró de ironía dejando a todos en silencio sentenciando; «En España, nosotros parimos a los poetas para después fusilarlos y que así ustedes, los franceses, puedan escribir ensayos sobre el tema y hacerse famosos«.
El silencio lo rompió Ian Gibson dándole la razón, el irlandés había publicado ese año El asesinato de Lorca.
Llegó el día del Homenaje y las advertencias del embajador franquista Antonio Garrigues y Díaz Cabañate hicieron que se abstuvieran de participar, a modo de protesta, Claude Couffon, Julio Cortázar, Marie Lafranque, Juan Marinello, Maurice Ohana y Marcelle Auclair.
Entre los que sí participaron a pesar del riesgo se encontraban Amancio Prada, Manuel Cano, Francis Bebey, Drahomira Biligova, Enrique Morente, Manuel Gerena y Carlos Cano, que fue declarado persona non grata por el alcalde de Madrid Carlos Arias Navarro. No importó, tras un tiempo en Francia volvió a Andalucía con las actividades del Manifiesto y con la idea clara de querer dedicarse a la música.
Meses después de morir el dictador, en junio de 1976, pudo organizarse el cinco a las cinco, el primer homenaje popular que se le pudo hacer a Federico en su tierra. Impulsado por Juan de Loxa, primer director de la Casa Natal del Poeta, lo inauguró Pepe Guevara al grito de ¡Federico vive! y contó con la participación de muchas figuras entre las que destacaban Nuria Espert, Manuel Gerena, Epifanio Lupión, Lole y Manuel o Carlos Cano.
[Este artículo de Tono Cano es uno de los que conforman la revista Ibn Cano, el legado emocional de Carlos Cano.]

«Ser andaluz es la forma cultural que yo tengo de ser persona»
Carlos Cano, músico y poeta
(Granada, 28 de enero de 1946 – 19 de diciembre de 2000)








